Aunque con casi dos semanas de retraso… ¡Menudo fin de semana que nos pegamos en la playa! Estuvo genial. Parecíamos colegiales que íbamos de excursión al campo.
Quedamos el sábado a las tres en el embarcadero y para variar llegamos tarde y nuestros colegas franceses ya estaban allí. Las negociaciones para el bote fueron duras y llevaron tiempo pero al final Hernani consiguió el objetivo… que no fuera muy caro. Con un buen retraso nos montamos en los botes y nos pusimos rumbo a la playa de Agaia.
Llegamos a la playa y nos tuvimos que meter en otra casa ya que todavía estaban los dueños de la casa que habíamos contratado. Tras un refrigerio nos fuimos casi todos al agua muy excitados ya que comenzaba un mini fin de semana con muchas expectativas.
Tanta emoción llevábamos que nos metimos al agua con las tablas y cuando nos quisimos dar cuenta estábamos lejos de la orilla. El caso es que no había tablas para todos y fuimos poco a poco, con gran esfuerzo, llegando a la orilla. Solo nos faltó besar la arena. Fueron unos 10 o 15 minutos tensos pero ahí estaba Hernani para dirigirnos a tierra.
Con los pies ya en tierra y con el “acojono” todavía al pensar que hubiese podido pasar nos cambiamos de casa y también el chip. Lo primero refrescar bien la bebida y meter al frigo la comida, y después a montar la música.
La noche se nos echó rápido encima ya que llegamos sobre las cinco y por estos lares a las 7 ya es de noche, o casi.
Con rapidez hicimos la barbacoa con churrasco, verduras, chorizos y morcillas. Parecía que estábamos en España. La noche empezaba temprano. Después de varias copas y algún intento que otro de jugar al quinito el daño que llevábamos (por lo menos yo) ya era importante.
Con noche oscura y cerrada, poca luz salvo la de los petroleros en el horizonte esperando a entrar a puerto nos fuimos a la piscina de una casa de al lado. Allí acabamos todos metidos unos hasta con zapatillas (Joaquín) o con la toalla (Teresa). Hasta una amaca. Ya os digo que iba bien perjudicado.
Después de un buen rato nos fuimos a nuestra casa y plofff. Caí rendido en un sofá.
Cuando abrí los ojos, lo primero que ví fue a Joaquín durmiendo a mi lado (no coments!), a Hernani pululando por el porche y poco más. El enano de siempre me esta martilleando la cabeza y no paraba el capullo. Menuda mañana nos esperaba.
Nos tuvimos que cambiar de casa y desayunamos tranquilamente comentando las jugadas de la noche. Esperamos a que vinieran otros amigos para pasar el día. Ellos pasaron un día con unos resacosos y nosotros se nos hizo cuesta arriba.
A las cinco de la tarde vuelta a casa en bote y a la cama que no podía ni con las pestañas. Muy buena experiencia y para repetir…
Besos.